Conectando con las emociones de los niños con TDAH (déficit de atención/ hiperactividad)

11/04/2012

La intervención en el trastorno por déficit de atención/hiperactividad (TDAH) se ha centrado fundamentalmente en los aspectos conductuales del trastorno, dejando en un segundo plano las emociones. Los motivos de consulta por los que llegan la mayoría de estos niños al Instituto Burmuin son las dificultades escolares, el bajo rendimiento académico y los problemas de comportamiento tanto en la escuela como en casa. Sin embargo, debajo de estas conductas subyace una problemática emocional que se traduce en baja autoestima, baja tolerancia a la frustración, dificultad para controlar las emociones, inseguridad, sentimientos de angustia ante las tareas escolares, dificultades para hacer amigos, miedos y por último sentimientos de ansiedad y depresión.

            Los niños con TDAH tienen dificultades tanto en el control de la conducta como en el de las emociones. Según Barkley los TDAH presentan un déficit en el funcionamiento ejecutivo, es decir, en la capacidad de realizar acciones auto dirigidas. Dentro de estas funciones encontramos la autorregulación emocional, que conlleva dificultades para modular sus estados afectivos, control emocional y de impulsos. Estas dificultades son las responsables de los altos niveles de agresividad, irritabilidad o frustración observados en algunos niños con TDAH. Por tanto, uno de los objetivos principales en la intervención, será el de promover el autocontrol y el pensamiento reflexivo.

            Para que el niño llegue a controlar su conducta, los educadores, tanto padres como profesores deben proporcionar estrategias educativas adecuadas y aplicarlas con coherencia y persistencia.

            Cuando el niño empieza a experimentar los beneficios del control y percibe una mayor aprobación social, sentimientos de autoeficacia y mejora de la autoestima, estará más motivado y habrá más posibilidades de que repita esos comportamientos. Estos niños presentan dificultades para automotivarse, por lo que al principio el refuerzo positivo desde el exterior es fundamental. Otro punto clave en la intervención es el entrenamiento en habilidades sociales y en técnicas para mejorar la autoestima.

 

Leire Alkorta Iglesias

Psicóloga Infantil