Programa de tratamiento del alcoholismo

En el tratamiento del alcoholismo, la abstinencia del alcohol es un requisito esencial, aunque no el único.  Dada la pérdida de control sobre la sustancia, es necesario que los alcohólicos se abstengan de alcohol de por vida, empezando la recuperación del alcohólico con la aceptación de su enfermedad.

La recaída o vuelta al consigno de alcohol es uno de los conflictos más importantes en el abordaje del alcohólico, ya sea en el transcurso de un programa de tratamiento o una vez que éste ha finalizado. Es decisivo conocer los factores que favorecen el mantenimiento de la abstinencia o la aparición de la recaída, dada la frecuencia con que aquéllos se producen y la gravedad de sus consecuencias.

El 70 % de las recaídas ocurren durante los 3 primeros meses de tratamiento, pero éste no es un factor de mal pronóstico; la importancia de los acontecimientos propios de la evolución del alcohólico es relativa. La gran mayoría tiene alguna recaída y eso no significa que la evolución vaya a ser mala a largo plazo. 

El mantenimiento de la abstinencia o la recaída es un fenómeno complejo, que depende no sólo de un factor sino de la combinación de factores de distinta naturaleza (motivación para dejar de beber, recursos personales, problemas interpersonales, grado de dependencia física, deterioro neuropsicológico, etc.); combinación que puede variar según el paciente que, como individuo y no como colectivo, solicita un tratamiento. Será competencia del terapeuta discriminar en cada caso qué factores son los que están implicados a fin de aplicar el tratamiento más apropiado.

La prevención de recaídas es un programa de autocontrol diseñado con el objetivo de ayudar a los individuos a anticipar y afrontar los problemas de recaída en el cambio de las conductas adictivas.

En este tipo de programas preventivos es esencial poder anticiparse a las situaciones de alto riesgo, definidas como aquellas que amenazan el sentido de control del individuo y su sensación de autosuficiencia, aumentando así la probabilidad de recaer.  Se incluye en ellas, pues, la identificación de las situaciones de riesgo posibles para cada sujeto y su prevención a través del entrenamiento en habilidades sociales específicas.  Suele prepararse un plan estructurado en el que se jerarquizan las situaciones peligrosas de menor a mayor dificultad y se va instando al paciente a que afronte estas situaciones.

Puede ser apropiado retrasar este entrenamiento en habilidades hasta que el individuo haya recuperado la capacidad suficiente para beneficiarse de ellas, lo cual suele ocurrir tras un período de abstinencia.

En estas estrategias se persigue, en definitiva, que el alcohólico adquiera «armas», medios para poder hacer frente a su adicción y para tomar conciencia de que dejar de beber y permanecer en abstinencia está bajo su control.  Es necesario persuadir al alcohólico de su capacidad para resistir la tentación de beber en cualquier situación en que se encuentre.  Probablemente intervengan otros factores en su rehabilitación (motivación, apoyo profesional, social, etc-), pero sin esta confianza en las propias capacidades es difícil que el alcohólico se mantenga en abstinencia de forma definitiva.