Programa de tratamiento del alcoholismo

De la misma forma que muchos factores influyen en la génesis y el desarrollo de una dependencia alcohólica, muchos son los elementos que, en un momento determinado, pueden movilizar al enfermo alcohólico a demandar un tratamiento. 

Aunque puede haber circunstancias en la vida que estimulen un cambio con un carácter positivo (maduración, auto identificación, mecanismos de ilusión, consecución de proyecto, etc.), habitualmente el enfermo alcohólico que solicita tratamiento no lo hace tanto por el deseo o el interés de dejar de beber, sino porque se le presiona y obliga. Casi siempre la demanda es motivada por la familia, los amigos, el sistema sanitario, los responsables laborales o el sistema legal, los que movilizan con su presión al alcohólico y le «hacen ver» la necesidad de someterse a tratamiento, lo cual obliga al enfermo a enfrentarse con las consecuencias de su adicción.  

Existe una «incapacidad» para tener una conciencia adecuada a la situación A muchos enfermos les cuesta autoidentificarse como personas que tienen problemas con el alcohol, debido su interrelación social con otras personas con el mismo hábito, en un marco de relación en el que no se pone de manifiesto la problemática asociada a la dependencia alcohólica, es decir, en un mundo de iguales, donde el alcohol es el mediador de la relación.  Esto claramente dificulta el proceso de búsqueda de ayuda. 

No es extraño ver enfermos cuya vida discurre, desde hace tiempo, en un entramado de emociones y sentimientos, donde emergen la pérdida de control sobre la bebida, culpabilizaciones, anhedonía por el consumo, etc., y mecanismos de negación, de autoengaño, de atribuir su alcoholismo y sus consecuencias a otra causa, de minimizar, de quitar importancia a la situación o que, en la búsqueda de excusas racionalizadoras, proyectan sus responsabilidades fuera de sí.  En su intento de engañar a los demás se engañan a sí mismos. Los repetidos intentos fallidos de dejar la bebida suelen provocar una gran ansiedad y perpetuar el círculo vicioso de la «inutilidad» y la baja, autoestima.

En esta coyuntura, incapaz de frenar o resolver este proceso claramente autodestructivo, puede apoyarse en ese «empuje movilizador» que aumenta la motivación del alcohólico para que se trate.