Programa de tratamiento del alcoholismo

Las consecuencias de la enfermedad alcohólica superan al propio sujeto dependiente y afectan a la familia con la que convive.  Esta afectación es tan grave e insidiosa como la que sufre el propio alcohólico, razón por la cual puede hablarse de enfermedad familiar y, por consiguiente, en el proceso terapéutico es muy importante la participación de todo el sistema familiar.

Desde el inicio del tratamiento, y según éste va evolucionando, son muchos los aspectos que se han de trabajar con el enfermo, su pareja y los restantes miembros del sistema familiar, abarcando tanto los que surgen en el devenir del tratamiento como los que son consecuencia de la convivencia con un dependiente alcohólico.  Las entrevistas con la pareja son preferibles al seguimiento individualizado del enfermo, ya que permiten «discutir» los problemas y conflictos que van surgiendo.

La evolución de un enfermo puede favorecerse con mensajes tan simples como eliminar el alcohol de la casa o que los miembros de la familia eviten beber delante del alcohólico.  Alertar tanto al alcohólico como a la familia de los cambios en el estado de ánimo del enfermo o reducir la tensión expectante que la familia, en especial la pareja, mantiene en las primeras fases del tratamiento tras la abstinencia es una forma de eliminar obstáculos.

En fases más avanzadas deben atenderse otros aspectos, como prevenir las fricciones que surgen en el seno de la familia cuando el alcohólico quiere y debe asumir responsabilidades que perdió en su trayectoria alcohólica y la, en muchos casos, posición paradójica de la pareja que desea que las asuma e impide que lo haga.

Es habitual que muchos cónyuges de alcohólicos (sobre todo mujeres) demanden asistencia previamente por cuadros de alteración del estado de ánimo, crisis de ansiedad, somatizaciones o simplemente insomnio, pero con «vergüenza» a manifestar el verdadero origen de estos procesos.

Habitualmente las mujeres de enfermos alcohólicos se encuentran en muy malas condiciones, con claros deterioros psicoorgánicos que han vivido fuertes ambivalencias («Quiero mucho a mi mando, pero ojalá le pase algo y desaparezca») y cuyo estado de ánimo suele «desplomarse» cuando se inicia el tratamiento de su pareja- Problemas de identidad, bajo nivel de autoestima, frustración, culpabilidad, etc... son hallazgos habituales.

Los efectos que aparecen en este particular entramado de relaciones sobre las mujeres, en cuanto a comportamiento, sentimientos y actitudes, se recogen bajo el concepto de codependencia.

Ateniéndonos a los resultados obtenidos, la mujer continúa manteniendo unas características, rasgos o pautas que, como ya se ha explicado, se modelaron durante la convivencia con el alcohólico y que no se modifican aunque la situación haya cambiado. Es por ello necesaria su inclusión en un proceso terapéutico para fomentar la identidad dañada de la esposa a través de su autoestima, del reconocimiento de sus sentimientos, de sus habilidades relacionases de su autoconcepto y asertividad.

Hemos verificado también la eficacia de la psicoterapia grupal multifamiliar en esta área, como instrumento válido de intervención para modificar la relación en la pareja, en la que tino de los miembros es enfermo alcohólico.  El espacio grupal posibilita la relación con otros individuos de problemática similar y favorece el aumento de la autoestima y la adquisición de estrategias para detectar y afrontar situaciones de riesgo. Se produce también un mayor conocimiento de la enfermedad y de los factores une inciden en ella.

El pronóstico de la recuperación del enfermo alcohólico mejora considerablemente cuanto mayores son el apoyo, el afecto y el compromiso de colaboración de sus personas allegadas y cuanto más amplios son los conocimientos que tengan sobre la enfermedad, de ahí la importancia de este abordaje terapéutico.