Programa de tratamiento del alcoholismo

Uno de los aspectos que más preocupan y angustian al enfermo alcohólico y su familia al inicio del tratamiento es el grado de deterioro psico-orgánico producido durante la carrera alcohólica, así como sus posibilidades de recuperación.

El abuso de alcohol es responsable de múltiples lesiones médicas hepáticas, gastrointestinales, cardiovasculares, pulmonares, endocrinas y del tejido conjuntivo, además de las lesiones cerebrales que generan importantes déficit neuropsicológicos que obligan al terapeuta a adecuar su intervención, ya que en las primeras fases la capacidad de introspección del paciente está disminuida, por lo que en muchos casos puede beneficiarse de mensajes claros y concisos, evitando abstracciones que comprenderá con gran dificultad.

En diversos estudios se han apreciado alteraciones de funciones corticales, como la abstracción, la memoria a corto y largo plazo, el procesamiento de la información, la resolución de problemas, el análisis espacio perceptivo, la construcción, la habilidad para el cálculo, el lenguaje y las funciones sensoperceptivas y sensomotoras, las cuales están afectadas de forma unitaria o plural y en mayor o menor grado en los enfermos alcohólicos.

Se aprecian deterioros cognitivos que, según algunos autores, son comparables a los de individuos normales de 5 a 10 años mayores que ellos; es decir, que puede hablarse de un claro envejecimiento prematuro.

Las lesiones cerebrales observadas en los alcohólicos tienen un indiscutible origen multifactorial.  El elevado consumo de alcohol, con su efecto neurotóxico, suele asociarse a malnutrición y déficit vitamínicos.

Las tomografías computarizadas de los enfermos alcohólicos incluyen a menudo dilatación ventricular y atrofia cortical, con cisuras cerebrales e interhemisféricas anchas.  Esta reducción del volumen cerebral se atribuye, principalmente, a la disminución de sustancia blanca.  Sin embargo, los estudios morfológicos cuantitativos también muestran afectación de la sustancia gris en la corteza frontal superior motora y el núcleo cingulado anterior.

Con la abstinencia se produce una evidente mejoría en las funciones cognitivas, la memoria (hay casos en que se mantiene la afectación de la memoria a corto y largo plazo) y la concentración, mientras que las habilidades espacio-visuales y la capacidad de solucionar problemas de abstracción mejoran en menor medida y a más largo plazo.

La mejoría de las funciones neuropsicológicas permite trabajar con el enfermo alcohólico en un nivel más profundo en el área psicoterapéutica y ahondar en la «remodelación» de su personalidad.