Programa de tratamiento del alcoholismo

Un problema de alcoholismo no se desarrolla de un día para otro. El devenir alcohólico debe contemplarse como un proceso de amplia base, como un continuum donde un individuo puede desplazarse hacia delante (del consumo prudencial al de riesgo y de éste al consumo perjudicial y/o a la dependencia) y hacia atrás (del consumo perjudicial o de riesgo al prudente o a la abstinencia) sin clara solución de continuidad, en tanto no se haya consolidado un síndrome de dependencia, donde no cabe más marcha atrás que la abstinencia.

Son muchas las variables que influyen en la génesis de una enfermedad alcohólica, y es importante tenerlas en cuenta a la hora de su abordaje. El triángulo droga-individuo-medio debe ser contemplado plenamente y desde todos los ángulos, por lo que, al hablar de drogas, hay que referirse al «uso y abuso de sustancias dentro de una línea de conducta integrada en una sociedad».

Es falso hablar de una droga y polarizar todas sus consecuencias en razón de ella; estamos hablando de un síndrome muy complejo, con múltiples aspectos que determinan un cuadro general amplio.

La suma de factores como la alimentación, la disponibilidad económica, el grupo cultural, la familia, el proceso escolar, el número de drogas y su forma de uso, el desarrollo psíquico, físico y cultural, su personalidad y nivel de maduración, etc., conduce a cuadros diferentes, pronósticos y programas de abordaje y tratamiento antagónicos.

El alcohol es una sustancia adictiva que parece interactuar con el individuo a través de diversos mecanismos que influyen en el proceso de alcoholización:

- La graduación (concentración) del alcohol consumido

- la frecuencia de consumo

- el tiempo de consumo

- la asociación a otras sustancias

- la edad de inicio de consumo

- la forma de beber

En lo que respecta al individuo, son cada vez más los estudios sobre gemelos, adopción familiar y grupos de alto riesgo que han demostrado, una importante predisposición genética en el alcoholismo, que se relaciona más con una predisposición a generar la dependencia alcohólica, que con una obligatoriedad de desarrollarla.

No se han hallado rasgos de personalidad que conduzcan específicamente al alcoholismo, aunque ciertos factores, como inmadurez, baja autoestima, inseguridad, búsqueda de sensaciones y algunos procesos psiquiátricos como los trastornos efectivos y la ansiedad generalizada aumentan la vulnerabilidad al alcohol.

Culturalmente nos encontramos con una sociedad permisiva con el consumo de alcohol, por lo que no es necesaria una predisposición personal para beber.  Existe una presión grupal para que se consuma alcohol de forma regular.  El temor a no ser aceptado en el grupo puede empujar al individuo. Si es clara la influencia de la moda y los hábitos sociales, muchas veces la posibilidad de consumo alcohólico depende del grupo social al que se pertenece, su cultura y sus hábitos de tiempo libre.

En resumen, la clave de la ecuación droga-individuo-medio plantea una compleja solución terapéutica, que comprende desde la abstinencia hasta una reestructuración profunda de la personalidad del paciente alcohólico y la integración social de éste.